Pablo Palacio: Letras sin fecha de caducidad

Pablo Palacio es considerado pionero en la vanguardia de la narrativa latinoamericana, su ficción se vuelve totalmente creíble en un contexto social eternamente enfermo y a punto de estallar. Una primera leída a su relato “La doble y única mujer” nos invita a vivir la angustia de una mujer siamesa atrapada en un cuerpo deforme.

Mi espalda, mi atrás, es, si nadie se opone, mi pecho de ella. Mi vientre está contrapuesto a mi vientre de ella. Ten­go dos cabezas, cuatro brazos, cuatro senos, cuatro piernas, y me han dicho que mis columnas vertebrales, dos hasta la altura de los omóplatos, se unen allí para seguir –robuste­cida– hasta la región coxígea.

Yo-primera soy menor que yo-segunda.

Este relato es uno de los más conocidos, sin embargo la mejor referencia de su obra se puede encontrar en el compendio “Obras completas” el cual se puede hallar con relativa facilidad en su versión impresa o electrónica.

Lo que ha hecho afirmar a mis espectadores que existe en mi la dualidad que he refutado, ha sido principalmente, la propiedad que tengo de poder mantener conversación ya sea por uno u otro lado. Les ha engañado eso de lado. Si alguno se dirige a mi parte posterior, le contesto siem­pre con mi parte posterior, por educación y comodidad; lo mismo sucede con la otra. Y mientras la parte aparente­mente pasiva trabaja igual que la activa, con el pensamiento. Cuando se dirigen a la vez a mis dos lados, casi nunca hablo por estos a la vez también, aunque me es posible debido a mi doble recepción; me cuido mucho de probables vacilaciones y no podría desarrollar dos pensamientos hondos, simultáneamente. La posibilidad a que me refiero sólo tiene que ver con los casos en que se trate de sensa­ciones y recuerdos, en los que experimento una especie de separación de mí misma, comparable con la de aquellos hombres que pueden conversar y escribir a la vez cosas distintas.

Innovador, transgresor, actual, son adjetivos que describen perfectamente el estilo de Pablo Palacio, a esto debemos sumar una peculiaridad: el escritor ecuatoriano murió en 1947. En realidad esto es un mero dato contextual, sus relatos trascienden el tiempo y los estilos, una gran lectura para este otoño.

 

 

Autor: Carlos G

A los 16 edité mi primer fanzine con fotocopias mal hechas y pésima ortografía, después llegué a la boglósfera y hoy dilapido palabras en Twitter. Jack Kerouac es mi pastor.

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