The Raid 2: Berandal o Cómo Debe Hacerse El Cine De Acción

2014 fue un año diverso para el cine de acción. Sorpresivamente, varios de los blockbusters estrenados en las salas fueron bastante buenos, no sólo en términos de acción, sino como experiencias cinematográficas en sí.

Basta con mirar atrás a largometrajes como Guardians Of The Galaxy, que emocionó a los grandes como si fueran chicos; Dawn Of The Planet Of The Apes, que de una manera inteligente abordó de una mirada humanista y reflexiva el más básico e interminable conflicto animal, ser más que el otro (además de montar espectacularmente a un simio con metralletas en un caballo); X-Men: Days Of Future Past, que resanó todos aquellos errores cometidos por la franquicia en el pasado y le dio la oportunidad de empezar de cero; o John Wick, que sirve como recordatorio que la violencia dramatizada como mero acto de entretenimiento es igualmente válida y meritoria que la obra más compleja y emocional.

Pero (siempre hay un pero) una que otra película logró colarse en las decepciones fílmicas del 2014: Tennage Mutant Ninja Turtles, por mencionar una, aunque sería injusto de mi parte calificarla como mala, pues me perdí ¼ de la película cabeceando mientras soñaba con una mejor versión no producida por Michael Bay. Y bajo la dirección del mismo Michael Bay, Transformers 9 es la prueba de que el director aún tiene dinamita para rato, aunque sería mejor que fuera ingenio lo que le sobrara y no explosivos.

Sin embargo, apenas hace días vi lo que podría juzgar como la película de acción más sanguinariamente satisfactoria de todo el 2014, que sorprendentemente se trata de una segunda parte. La opinión popular de que nunca son buenas puede ponerse en tela de juicio con The Raid 2: Berandal. Una producción indonesia del director inglés Gareth Evans. Curioso que un director británico se encargue de hacer un film sobre policías y mafiosos indonesios, pero se vuelve una idea lógica al descubrir que Evans se encontraba realizando un documental sobre un arte marcial propio del país llamado Pencak Silat cuando quedó enganchado con la técnica de pelea.

“La Película De Acción Más Grande En La Historia”

 

Sin spoilerear la primera parte The Raid: Redemption, de la cuál me limitaré a decir que es básica para el cinéfilo que gusta del cine de artes marciales, The Raid 2: Berandal narra la historia de un policía encubierto (Rama) que se infiltra hasta la esfera más alta del crimen organizado en Indonesia con el objetivo de reunir evidencia suficiente para comprobar los nexos de un alto mando de la policía con jefes de la mafia local. Tras este que pareciera un cliché argumental se desarrolla una historia por demás intrigante. De la mano de protagonista y antagonistas que parecieran sacados de la realidad de una novela gráfica, el relato de Rama sirve como una clase magistral sobre el cómo debe hacerse una película de acción, y Every Frame A Painting lo explica de una manera sencilla con la acción de las películas de Jackie Chan.

 

En resumen, películas de acción como The Raid 2: Berandal, y su predecesora utilizan las herramientas del montaje que permiten al espectador disfrutar de la acción sin tantos cortes, lo cual nutre de verosimilitud brutal a las secuencias de pelea, a tal grado que uno como espectador olvida que todo es una coreografía ejecutada con precisión milimétrica.

Acción sin cortes excesivos aunados a una aguda narrativa y una historia que rebasa los clichés del género resultan en una obra que resulta fresca por su aparente sencillez en pantalla. Los efectos digitales que derrochan las superproducciones hollywoodenses o los giros de tuerca que tan de moda se han puesto y que se dejan ver desde kilómetros de argumento quedan ausentes en la producción.

The Raid 2: Berandal es una prueba más de que aún se pueden crear historias originales, sin recurrir a fórmulas o material ya existente, y que el cine de calidad también puede existir lejos de la meca de la industria cinematográfica.

Autor: pepepilgrim

Gamer, realizador audiovisual, escritor, sobreviviente del Y2K, fanático de las historias y del sarcasmo como forma de bullying.

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